viernes, marzo 16, 2012

PRIMAVERA

            Y hoy ya toca hablar de la primavera. No hay agua porque no llueve. Hace frío en la calle porque recortan los derechos a través de la reforma laboral, el "copago", la venta del Canal Isabel II y no sé cuantas empresas públicas más. Por si fuera poco celebramos San José, un buen hombre que se hizo cargo de una niña preñada por una paloma, librándola así de la lapidación.
     Si vas al campo pillarás las correspondientes alergias, te picarán las abejas y las avispas, las hormigas, tan trabajadoras ellas, se te subirán por las piernas, los pájaros chiribitearán y te cagarán encima, pasarás calor y el sol cegará tus ojos.
               ¿Pero no hay nada bueno?  Sí. El aligeramiento de la ropa hace florecer los cuerpos y permite admirar la belleza de muchos. Eso, por ahora, es gratis.
            Yo he cumplido halando de la primavera, ahora espero vuestros  comentarios...

lunes, marzo 12, 2012

SALSIPUEDES (Para Emilio Ortega)

Me llama Emilio Ortega para recordarme más actividades para los emprendedores de la calle. Antes de las recomendaciones me afea que no mantenga los brotes verdes de este blog con un riego de palabras más continuo. Me refugio en las talanqueras de la gandulería y la bronca se encrespa y en torrente me propone oficios con futuro: controlador de tráfico de OVNIs es lo primero que le sale, pero rechazo la idea porque ahora parece que la identificación se impone  de nuevo y volvemos a andar con el carné en la boca, al menos eso propone Sarkozy borrando, por un puñado de votos de la extrema derecha, el derecho de los europeos de moverse con libertad por el espacio sin fronteras de la unión. Y yo propongo a Emilio otro trabajo de los emprendedores de la calle: promoción de la lectura de prensa. A partir de hoy El País sube su precio y lo justifica por la falta de publicidad que ha provocado la crisis. Sin embargo yo veo a la puerta de los supermercados muchachos fuertotes promocionando publicaciones alternativas.En cuanto a la publicidad también advierto un resurgir artesanal: folios con flecos telefónicos pegados en árboles y paredes donde se ofrecen todo tipo de servicios. Esto requiere otra entrada. Emilio propone más oficios algunos vigentes antes de que el hombre fuera hombre: pelador de plátanos los llama él, aunque yo creo que no entraría en conflicto con la RAE si habláramos de peladores y peladoras e incluso peladeros que no se podrían asimilar a peladeras, pero eso otro cantar. 
Sin embargo lo mejor llega al final: Emilio se muestra tan creativo porque pasa su control de parado en un INEM situado en Villaverde Alto que se ubica en la calle "SALSIPUEDES". El nombre en este caso no podría definir mejor la situación de quien carece de trabajo y de sueldo. De esta vas a salir si puedes y como puedas, para eso el gobierno ha lanzado su reforma laboral que consiste fundamentalmente en que cobres menos, trabajes más,  te despidan y no  acudas al médico que eso produce mucho gasto.

NOTA ESPECIAL
Pamisola se lanza al mundo del blog. Me faltan datos para incorporarla a mis favoritos...

Os prometo que la próxima semana hablaré sobre la primavera.

sábado, febrero 18, 2012

BUSCADORES DE ORO


             De las múltiples profesiones que los intrépidos emprendedores descubren durante este duro mes de febrero en Madrid la que más llama la atención es la clásica del buscador de oro. Esto no debe ser el extremo oeste americano ni el río Hurdano, tal vez sea más cómodo el trabajo pero se me antoja tan arriesgado como el de los exploradores de aquellos tiempos. La cosa consiste en ponerse una chaqueta negra que luzca el lema del oficio: “compro oro”. El atuendo lo luce un hombre negro, fuerte y cachudo que reparte papeles a los viandantes. El real metal se busca pepita a pepita en el torrente de personal que deambula por las calles del Barrio de Salamanca y calles centrales de la capital. Son cribaderos interesantes, con abundancia de pepitas y en ocasiones con deseos de deshacerse de las piedrecillas. Los arriesgados sacadores persisten en su trabajo persona por persona, muy cerca de la puerta del túnel donde se guardará lo adquirido. Suele ser cristaleras opacas a base de adornos con figuras risueñas y letreros explicativos y animadores: “¿Qué puede hacer con ese pendiente viudo, ese anillo olvidado o ese reloj que no funciona? Tráiganoslo y nosotros se lo pesamos, se lo tasamos y usted se lleva su dinero”
             En ocasiones las pepitas las localiza el ojeador del cartel en el bolso de una señora o en la curiosidad de un hombre de edad mediada - al rededor de los sesenta- distinguidos, corbata, abrigo y discretos tacones, que traspasan disimulando la entrada a la gran oferta. Imposible saber si lo que empeñan o venden es por deshacerse de ello o por necesidad perentoria de efectivos pero en época de crisis cualquier dinero es bueno incluso para los bien vestidos.
                Los mineros de las calles seguirán con sus cribas en las calles esperando que la pepita caiga de su parte. Ellos también trabajan a comisión, como los antiguos mineros y, por supuesto, sin seguridad social ni contrato de trabajo, para eso son emprendedores. No hay tiempo para la lírica.

viernes, febrero 03, 2012

BUFANDAS



            El frío nos mete bajo tejado: “la gente fuma menos a la puerta de los bares”, me comenta el camarero de “El Retorno”. En Madrid campea como puede la pasarela Civeles  y a mí me da por observar las bufandas que el público enrolla a su cuello. Comentaba los distintos estilos bufandiles con Emilio Ortega en un bar próximo a la estación de Atocha. “Sólo con ver el color y el estilo de una corbata sé como piensa quien la luce” sentencia Emilio. “Me gusta más fijarme en las bufandas -comento- porque yo soy poco de corbata”. Y observamos: un elegante caballero arropado con abrigo gris que marca cintura y luce solapas alivia el frío de su cuello con una bufanda también gris doblada por la mitad y formando nudo corredizo. “Ese es bancano o de derechas” afirma taxativo Emilio. Unos pasos detrás aparece un hombre abrigado con una chupa clásica y bufanda coloreada sujeta al cuello con dos vueltas y los flecos colgados. “Ese no lleva corbata y además es profesor de filosofía en algún instituto, es de la marea verde”. Asiento porque yo también entiendo que se acerca a esa variedad. El siguiente abufandado, más joven que los anteriores, lleva de tapabocas un pañuelo palestino a quien le colocamos entre los indignados. Aparece un señor de cierta edad con un abrigo elegante pero usado y su bufanda perfectamente colocada dejando ver  el  nudo de su corbata. Ese es un jubilado. Y llegó el francófilo. No era Miterrand pero lo parecía: bufanda anudada al cuello como se colocan los pañuelos de seda cuando se luce una camisa abierta.  Sólo nos hemos fijado en la moda  de hombre pero quizá tú puedas aportar opiniones sobre las féminas. ¿Y tú como y dónde te pones la bufanda?
NOTA: quería poner alguna ilustración sobre el asunto, pero en la red sólo encuentro videos para elegantes y no era esa la intención.

lunes, enero 30, 2012

LOS VIERNES Pamisola: LA ESPERANZA

       Otra entrega de pamisola:
  Después de tantos días perdido, con frío, hambre y cansancio el cuerpo empapado, la ropa rota e irreconocible  por la suciedad  y el barro embutido en las botas y lo que quedaba de mis  calcetines, tuve la  gran suerte  de encontrar este  escondrijo parecido a una cueva,  por fin podría  descansar sin tener por techo el cielo raso. Ese cielo limpio y estrellado  que anuncia  las duras heladas  en la meseta castellana, y que  para mi desgracia ya conocía tan bien.
         Me moví  para darme la vuelta y cambiar de postura, estaba entumecido de estar  tanto tiempo encogido para soportar mejor el intenso frío que no lograba mitigar tapado con la manta que ya sólo era un  harapo.
Era ese momento impreciso  en que el día compite con la noche para ir imponiendo su luz poco a poco. Me sorprendí al  distinguir entre las sombras a otra persona tumbada a tan solo un metro de donde yo estaba, dormida probablemente, o sólo intentando descansar.
Esperé nervioso a que hubiera más luz para ver quién era la inesperada compañía. Estaba de espaldas, y por el aspecto de su ropa imaginé que estaba en lo mismo que yo; poder sobrevivir.
   -¡Eh!  ¿Quién eres tú?  ¿En qué bando estás?  Comprobé que era un hombre más o menos de mi edad cuando se revolvió rápidamente para mirar hacia mí.
         -Y a ti qué te importa. Yo  podría hacerte la misma pregunta.
         -Si ya, pero yo llegué primero.
         -Y qué, no me irás a decir que esta porquería  de sito te pertenece.
         -Del que llega primero. Y si no hay más remedio, defenderlo a puñetazos, no hay más. Y con una mueca de media sonrisa, me pregunté si merecía la pena luchar ya por nada.
      El recién llegado se incorporó,  la escasa luz  me hizo  intuir, más que  ver,  su aspecto y el estado de sus ropas y  no me dieron una pista nueva, seguro que era otro desertor  cómo yo,  los había en las dos partes.
      Seguimos  la conversación  midiendo las palabras,  tanteando, sobre todo las respuestas, sin olvidar   lo que a los dos más nos preocupaba.  Si el otro sería de fiar. Se puso de pie y dio una vuelta sobre sí buscando con la mirada.
         -No tienes nada de comer, ya veo. ¿O lo tienes escondido?
         -No.  Y si tuviera  tampoco te daría nada, sin saber siquiera  quién eres.
         -Vale, luego hablaremos de eso-. Y  contrariado se volvió a tumbar en el suelo igual que  antes, de espaldas a mí. Supuse que le podía más el cansancio que el hambre y las ganas de discutir.  Eso y que estuviera otra vez  a mi altura me tranquilizó.  Después de un rato de hacer cábalas  sobre el cambio de la situación, el  abatimiento y el silencio me adormilaron.
Calculé  por la intensidad de la luz   que  serían  sobre las siete de la mañana, el día empezaba a   chulear otra vez  porque como siempre le estaba  ganando  la partida a la oscuridad.
Me volví para mirar dónde estaba el otro individuo cuando  sobresaltado recordé lo ocurrido antes de quedarme dormido, pero la escasa claridad me daba de lleno en los ojos.  Me levanté despacio para no hacer ruido, pretendía adelantarme y poderlo mirar con detenimiento antes de que se diera cuenta. Recorrí la cueva con la mirada, no había ninguna señal en el sitio donde  había estado  tumbado. Me desperecé  para colocar  mis doloridos huesos, que ya no recordaban lo que era un colchón.
Me sentí  aliviado y a la vez  decepcionado  al descubrir que  de nuevo  estaba solo. Fue bueno tener a  alguien con quién hablar  después de tantos días  huyendo por el monte, de tanta  soledad  y tanto miedo compartido con las alimañas nada más.   El  tiempo que duró la   breve conversación  me sentí menos miserable,  menos humillado por la vida,  dos  personas hablando en igualdad de condiciones,  aunque  el otro  posiblemente, no fuera de los míos.
Salí de la cueva siguiendo las pisadas marcadas en el barro por el  pobre desgraciado, al llegar afuera me llamó la atención  un papel que había en el suelo  y que todavía no se había empezado a mojar, lo cogí, era de un color pardusco indefinible,  como casi todo en aquéllos tiempos,  aunque era posible que hubiera sido blanco cuando se escribió. Con los dobleces gastados casi rotos de tanto mostrar  y  guardar  su contenido,  como  un estuche que  guardara las  palabras con más celo que si fueran joyas. Lo  desdoblé   con  curiosidad   y cuidado,  intento inútil  con  mis  manos  temblorosas,  ajadas y sucias.
Querido Juan: Dónde quiera que estés,  no me olvides nunca. Con todo mi amor te espero. Siempre tuya, Teresa.
         P.D. El niño se cría bien, se parece mucho a ti, y  te manda un beso.
Aquél  papel que sin duda era el motor y el alimento de alguien que sufre la misma situación que yo, se dobló solo,  por la costumbre. Lo  guardé en el único bolsillo que me quedaba, quizá con la esperanza de  poderlo devolver. Mis pensamientos volaron lejos y demasiado deprisa  en busca de mis  sentimientos, y los esquivé como pude y decidí que no debía darles ni un minuto de atención. Necesitaba las pocas fuerzas que me quedaban para  seguir andando con un solo objetivo; encontrar como fuera algo  que se pudiera comer. Después quizá pudiera  sentarme a llorar y dejarme embaucar otra vez por la esperanza.

lunes, enero 23, 2012

LOS LUNES "pamisola" : EL PORCHE


Cenadores de Madera
Siempre que puedo me gusta sentarme en el porche para disfrutar de ese rato especial que me ofrece el día, casi siempre al atardecer. Es la recompensa del ajetreo diario. Hoy además de lo de siempre, fui al veterinario con Rascayú, está triste y se niega a comer desde que, Lula su compañera de hace tiempo, murió hace unas semanas. A todos nos preocupa mucho su estado de tristeza, pero me tocó a mí luchar con él hasta que con ese don de convicción que Dios, no, me ha dado… -anda, venga, Rascayú si te portas bien te vamos a traer una Marilyn preciosa- y alguna mentira más,  logré meterlo en el coche.
Me dejo caer en el sillón con un suspiro tan hondo que hasta los volantes de cojín producen tanto alboroto que Rascayú se asusta y da un respingo antes de tumbarse en el suelo a mi lado como siempre, él también participa del ritual.
- ¡Vaya!, olvidé el refresco en la cocina, pero ya no me muevo. Pongo los pies en el otro sillón y miro al cielo. Es un placer contemplar las nubes, siempre diferentes, a veces tan espectaculares que si estuvieran plasmadas en un cuadro pensaría que son pura fantasía del pintor. Hoy parece que se mueven más que otros días. Estoy tan a gusto que me dejo transportar por éllas sin importarme mucho el destino.
El sonido de un coche que se acerca me fastidia el momento, mí momento de soledad diaria. No me muevo. El seto de la entrada oculta la parte de los sillones. Está para eso. Rascayú tampoco se mueve, sabe leerme el pensamiento.
– ¡Eh, hay alguien ahí!, grita un tonto del culo que no sabe nada de mi hora santa, y al parecer tampoco entiende lo de “camino cortado”. ¡Ni hablar de moverme! Vuelvo a mirar al cielo, las nubes ahora tienen prisa, y yo ninguna. Cierro los ojos nuevamente y empiezo a balancearme de delante a atrás con ese vaivén cadencioso, casi mecánico, que se quedó impreso en el cerebro de cuando había que acunar a los hijos para que se durmieran.
¡Ay Clara, Clara! qué te hubiera costado levantarte y contestar a ese pobre despistado con una sonrisa, justita, pero amable… Y me veo en otro porche, cómo Meryl Streep, estirándome el relimpio vestido de las tardes, y me quedo quieta en la escalera cual vestal griega, sujetándome detrás de la oreja un mechón de pelo que me estorba en la cara. Y a Rascayú que se tapa un ojo con la pata, igual a: tú sabrás lo que haces, no lo quiero ver.
-¿Qué se le ofrece señor? Y sin dejarle un minuto para reaccionar, digo con sorna ¿no será Ud. del National Geographic?
-Perdón, no he entendido bien. Pregunto por el señor Miranda, vengo a traerle un paquete.
- ¡Lo ves! Qué bien hice con no moverme! y vuelvo a mirar cómo van las nubes. Y de nuevo me dejo llevar.
 Estoy en otro continente, en una bonita casa de estilo colonial,  abriendo cajas que contienen libros, mi valiosa vajilla de porcelana, la delicada cristalería heredada y el querido gramófono que habrá que limpiar con esmero para lograr que el cambio de clima no afecte a su sonido fiel.
Salgo al interminable porche con unas tazas en la mano cuando oigo el motor de un coche y ver quien viene a visitarme, este camino no es de paso.
-¡Hola!, he venido a saludarla, y a preguntar si todo va bien.
-Todo bien, muchas gracias por su interés.
- Le invitaría a un té pero… todavía estoy desembalando la vajilla, digo, a la vez que muevo la mano con las tazas
-No importa, otro día aceptaré con gusto.
- Cuando quiera, siempre será bien recibido. Y no le digo nada más, porque intuyo que no tardando mucho, volverá para invitarme a ver África desde el cielo.
Rascayú empieza a gruñir, mi hora santa se ha terminado.

P. Merino

viernes, enero 20, 2012

EL AÑO QUE VIENE SERÁ MEJOR



1.- El año que viene será mejor es una comedia de cuatro autoras para cuatro atrices. Predomina la risa y llama a la reflexión. Cuatro mujeres nos cuentas sus avatares repletos de amores, desamores, logros y frustraciones. Divertida y reflexiva. Las autoras  a través  de escenas unidas por un fínísimo hilo la profesión - son maniquís- nos llevan por senderos y situaciones tan comunes que de ordinario pasan desapercibido. Las actrices extraordinarias.

2.- Ruptura del frigorífico por subida de tensión. Espera paciente  a que venga un técnico, evalúe, opine y decida. Yo decido y queda la espera al teléfono. Tres días después, frigorífico en marcha: total una semana  por  diez minutos de trabajo. Mi tiempo no vale nada.
3.- "El lunes pamisola" quedó colgado en el calendario. Puri me mandó su artículo en tiempo, pero el frigorífico pudo más. Va el próximo.
 4.- La Hemeroteca  de Islas Filipinas. ¡¡Años ha!! El asesino siempre vuelve al lugar del crimen, en este caso quien regresa es el muerto. Por allí andaban Rosa del Río, Antonio Machín, Antonio de Miguel, Virginia Suárez , Snupi,  Juanjo, Blanca, y otros... ¿ o eran sus sombras? ¡¡¡Tempus fugit!!! y yo intentando dejar de fumar.